Categoría: Divulgación

Contaminación lumínica

SEGUNDA PARTE: Aventuras en el Veleta tomando medidas de…

Por Jesús Navas Fernández. 04/12/2018

Introducción

Una aventura fue llegar al Veleta y tomar las fotografías y las medidas, y otra procesar las imágenes, montar las panorámicas y sacar de ellas datos relevantes. De ahí lo que se ha hecho esperar esta segunda parte de la crónica.

Al hacer las fotos, había que evitar sobreexponer las luces y que las estrellas salieran movidas. Por las características del equipo disponible y las condiciones de las tomas, las imágenes sufrían de una subexposición general muy considerable. El ruido de las imágenes resultantes era inaceptable.

Para tratar de reducir en lo posible este y otros defectos, se calibraron las imágenes con las correspondientes tomas de calibración típicas de astrofotografía (tomas oscuras, tomas planas y tomas de corriente de oscuridad), además de emplear distintos programas para la reducción de ruido en el procesado. A pesar de ello, tuvimos problemas con los programas y los archivos de procesado que obligaron a emplear técnicas poco ortodoxas. Como resultado, la coherencia cromática y de exposición de la serie es tan solo aceptable dado el tamaño final de visualización, si bien creemos que es suficiente para la finalidad descriptiva de las imágenes.

Comparación del efecto del calibrado y procesado principales (sin los ajustes finales de la panorámica ya montada) sobre la primera de las teselas que se hicieron, la orientada hacia el sur. Original (izquierda) y procesada (derecha), ambas reducidas a un tercio de su tamaño para poder colgarlas en la web. NOTA: para apreciar mejor las imágenes, se recomienda emplear el botón derecho del ratón y abrirlas en otra ventana o descargarla. Vale la pena.

 

El programa de montaje de panorámicas, Kolor Autopano Giga 4.4.1, no encontraba puntos de referencia entre las estrellas, con lo que había que identificarlos y seleccionarlos manualmente por parejas. También se intentó con PTGui, con el mismo resultado.

Al final, tras tres semanas procesando y montando las 25 teselas, 49 lados y más de 1400 puntos de referencia manuales después colocados uno a uno de un total de 1747 (en una pantalla de portátil de 15,6″…), se consiguió un buen resultado en cuanto a la alineación de las imágenes.

Se presentan dos versiones básicas principales: una panorámica horizontal (12 teselas) y una vista de ojo de pez de unos 220º (25 teselas). Las teselas de la primera se incluyen en la segunda. De ellas derivan tanto las versiones anotadas como la de 180º.

Al final, han estado listas justo a tiempo para poder ser presentadas en la última reunión (26 de noviembre) del comité redactor para la elaboración del nuevo Reglamento para la protección de la oscuridad natural de la noche frente a la contaminación lumínica para Andalucía. Esperemos que sean de utilidad.

 

Datos técnicos

 

Fecha

2018-08-09

20:51:36 – 20:57:44 TU (panorámica horizontal)

20:51:36 – 21:07:57 TU (ojo de pez)

 

Lugar

Vértice geodésico de la cima del Pico Veleta

LATITUD = 37.056021627860

LONGITUD = -3.365680870254

ALTITUD: 3395,60 m

Localización del Veleta.

Modelo de calidad del cielo de la REDIAM (Junta de Andalucía). Puede apreciarse que el Veleta, aunque muy cerca de una fuente muy potente de contaminación lumínica como es la vega de Granada, se puede decir que está situado en el límite de la parte oriental de Andalucía que, según la clasificación de este modelo, tiene mayoritariamente un cielo de calidad «muy buena», eso sí, beneficiado por su altura. Esto se confirmará con las medidas de brillo de fondo del cielo del proyecto NixNox.

Condiciones meteorológicas

Completamente despejado, aunque con presencia de brumas y restos de la calima de los días anteriores en altitudes inferiores, que reducían la visibilidad sobre todo cerca del horizonte y oscurecían parcialmente las fuentes de contaminación lumínica y reducían su alcance en altura.

La presencia de algunas nubes o brumas, tanto en el interior como en la costa, podrían afectar a las medidas de NixNox, previsiblemente aumentando los valores medidos (oscureciendo) respecto a los que se habrían obtenido con una atmósfera más limpia. Había presencia de nubes tormentosas a lo lejos en el horizonte, a la altura del norte de Alicante y Valencia, con mucha actividad eléctrica, y también en algunos puntos del mar Mediterráneo y el norte de África, con relámpagos más esporádicos. Se ha procurado que no afectasen a las medidas ni a las fotografías.

Al principio de la noche apenas corría una ligera brisa del SSO que poco a poco fue arreciando hasta hacerse muy molesta.

7° C

Muy baja humedad relativa.

Vista de satélite de la concentración de vapor de agua y nubes en la atmósfera durante la noche que se efectuaron las fotografías y medidas. Pueden identificarse las nubes a las que hacemos referencia. Aunque en toda Andalucía estaba despejado, también puede detectarse algo de vapor de agua en las zonas que se ven desde el Veleta, que se manifestaba en una visibilidad algo mermada por zonas en cotas bajas. Esto debía apantallar en altura la luz proveniente de dichas zonas.

Equipo

Cámara Canon EOS 550D

Objetivo Canon EF-S 15-85mm f/3.5-5.6 IS USM

Trípode Cullmann 3230

 

Datos técnicos de las imágenes

12 teselas para la panorámica horizontal.

25 teselas para la vista de ojo de pez.

Distancia focal de 15 mm.

ISO 6400, f/8, 15″

Calibración con 37 BIAS, 27 DARKS y 100 FLATS

Se ha limitado a 15” la exposición para que las estrellas no se apreciaran como un pequeño trazo, sino con una puntualidad aceptable (se comprobó). Esto debería facilitar la unión de las teselas. También con este propósito se escogió la abertura de f/8, ya que cualquier abertura mayor producía una deformación inaceptable de las estrellas a medida que éstas se alejan del centro del campo de visión (también se comprobó), debido a las aberraciones producidas por el objetivo.

Estos valores tan restrictivos, y las bajas condiciones de iluminación, forzaron a tener que emplear la mayor sensibilidad “normal” de la cámara, aun cuando éramos conscientes del elevadísimo ruido de las imágenes nos obligaría a procesar de modo muy agresivo la panorámica. Confiábamos en que los serios defectos presentes no fueran demasiado llamativos al tamaño normal de visionado de la imagen ni un impedimento serio para la evaluación cualitativa del grado de contaminación lumínica presente en la cima del Veleta y su procedencia.

 

Procesado

Se ha usado Adobe CameraRAW 7.0 para revelar las imágenes raw originales, realizando ajustes de Sombras, Blancos, Negros, Claridad, Intensidad, Enfoque, Reducción de Ruido y Saturación, destinados todos ellos a tratar de solventar de la mejor manera posible la subexposición de las imágenes y el excesivo ruido de las mismas, así como a mantener el detalle y la separación tonal para visibilizar el origen, tipo y alcance de la contaminación lumínica.

Se han preparado los MasterBIAS, MasterDARK y MasterFLAT con PixInsight Core 1.8. También se han calibrado las imágenes originales usando los archivos de calibración anteriores con este programa. Esto ha reducido muy notablemente algunas tramas y dominantes, y facilitado la consistencia de las imágenes, hasta un nivel aceptable.

Una vez calibradas las imágenes, se ha empleado Neat Image v8 para reducir aún más el ruido.

Para el montaje de la panorámica, se ha utilizado Kolor AutopanoGiga 64 bits 4.4.1. Se han podido ensamblar las vistas de ojo de pez (180°) y ojo de pez ampliada (unos 220°) gracias a la proyección “Mirror ball” para aprovechar al máximo el campo de visión ofrecido por la combinación empleada de cámara y objetivo y visibilizar así las fuentes de luz que afectan directamente al Veleta y sus alrededores.

Se han realizado ajustes de color o luminosidad mediante capas a algunas teselas que no se correspondían bien con el resto, con Adobe Photoshop CS6.

Una vez montada la panorámica, se ha empleado Adobe Photoshop CS6 para realizar algunos ajustes globales de luminosidad y de color, fundamentalmente para saturar/desaturar de forma selectiva algunos colores y reducir así algunas dominantes de color presentes, pero tratando de mantener en lo posible las apreciables diferencias tonales entre las cúpulas lumínicas de distintas poblaciones. También con Adobe Photoshop CS6 se ha recortado la imagen y se le han añadido las líneas y nombres identificativos.

 

Datos de NixNox

FECHA: 2018/08/09

FOTÓMETRO (Número de serie o número SEA): 4235

HORA INICIO (UT): 21:15

TEMPERATURA (ºC): 7.0

HORA FINAL (UT): 23:39

LOCALIZACIÓN: Pico Veleta (sobre el vértice geodésico)

PARAJE: Parque Nacional de Sierra Nevada (Granada)

Las medidas se han realizado de menor a mayor altura y de menor a mayor acimut. Se debe apreciar la presencia de la Vía Láctea (como así ha sido).

 

MEDIDA EN EL CENIT: 21.31 mag/arcsec2

 

Además del cénit (90º), se han tomando medidas en alturas de 0º, 15º, 30º, 45º, 60º, 75º así como en doce acimutes empezando desde el sur y continuando hacia el oeste. (S,W,N,E,S) espaciados 15º.

Tabla de medidas de brillo de forndo del cielo (mag/arcsec2) desde el Pico Veleta el 09/08/2018. Elaborada por Juanjo Segovia. Aparecen señalados los valores más relevantes: el máximo (cielo más oscuro, en resaltado azul) y el mínimo (zona más brillante, en resaltado rojo). Llama la atención que los valores extremos compartan acimut, cuando lo normal es pensar que están muy separados. Esto el lo que provoca ese efecto de elevado gradiente de contaminación lumínica en el cielo del que se habla en el texto. Pero también indica la importante contribución de la luz procedente de otras poblaciones quizás menos notorias, pero mucho más numerosas y, sobre todo de las fuertemente contaminantes pero mucho más lejanas: una proporción importante de su luz llega al Veleta desde arriba por la enorme dispersión que sufre en tanta distancia, a diferencia de la procedente de Granada que llega casi toda de abajo porque sus fuentes directas no están apantalladas.

 

 

 

 

Tras las medidas para Nixnox, ya de alta madrugada, realizamos por curiosidad algunas mediciones más del cénit, llegando a valores de 21,56 mag/arcsec2. Esta mejora de debe al cambio en las condiciones atmosféricas en sí, la posición más favorable de la Vía Láctea y la reducción de flujo lumínico desde todos los alrededores a dicha hora.

Resultados

Por su detalle, se recomienda el visionado de las imágenes a pantalla completa, con un monitor de gran tamaño, pinchando sobre las mismas.

Vista panorámica diurna desde el vértice geodésico del Veleta. 09/08/2018. Un fenómeno curioso que se puede observar en dirección opuesta al Sol (hacia el este) es el aclaramiento del cielo. Se debe a que, desde nuestro punto de vista, las partículas en suspensión de la atmósfera se ven iluminadas completamente por el Sol, de forma análoga a la fase de Luna llena, con lo que su acción combinada se percibe como un aumento de la luminosidad del cielo en la dirección que cabría esperarlo más oscuro por su mayor distancia angular al Sol. Fenómenos similares se producen con el polvo interplanetario (luz zodiacal y Gegenschein) o los trozos de hielo de los anillos de Saturno, que hacen que se vean más brillantes en oposición, por ejemplo.

Vista panorámica nocturna desde el vértice geodésico del Veleta. 09/08/2018

Versión anotada por Juanjo Segovia.

Versión anotada por Juanjo Segovia.

Vista de ojo de pez de 180º desde el vértice geodésico del Veleta. 09/08/2018. Ésta sería una vista típica de ojo de pez, válida para la mayoría de las localizaciones habituales, con presencia de zonas más elevadas en los alrededores. Sin embargo, al tratarse del segundo punto más elevado de la zona, tras el Mulhacén, sólo se ve su cima, al este (izquierda). El resto de la superficie queda oculta, y no hay más referencias directas, ya que el horizonte queda por debajo. Esto hacía necesario disponer de una vista de 220º, que incluyera los núcleos de población contaminantes.

Vista nocturna de ojo de pez de 220º desde el vértice geodésico del Veleta. 09/08/2018. Aunque la Vía Láctea es claramente visible, no puede competir en brilo con el «anillo de fuego» que rodea la cima, cuyo resplandor debe resultar como mínimo desorientador para todos los seres vivos que empleen la luz nocturna como guía para sus desplazamientos.

Vista de ojo de pez de 220º anotada desde el vértice geodésico del Veleta. 09/08/2018. Se ha invertido lateralmente la imagen para poder hacer una comparación directa con el mapa de brillo de cielo nocturno elaborado siguiendo el protocolo NixNox, justo debajo. Debido a que las primeras fotografías se tomaron unas 2 h 45 min antes de las últimas medidas, se puede apreciar el desplazamiento de la Vía Láctea, que está notablemente más alta y cercana al cénit en el mapa NixNox. Anotada por Juanjo Segovia.

Mapa NixNox desde el Pico Veleta. 09/08/2018. Hubiera estado bien incluir medidas por debajo del horizonte para comprobar el efecto de las fuentes de luz en sí. Queda pendiente para otra ocasión. Cortesía de Jaime Zamorano (UCM).

 

Conclusiones

Contexto

Aunque podemos pensar que las imágenes hablan por sí mismas, y lo hacen, es importante insistir en un detalle importante, y es que no estamos en un sitio ni momento cualquiera. Nos encontramos a casi 3400 metros de altitud, nada menos que en un Parque Nacional y en la zona de influencia adyacente del Observatorio de Sierra Nevada (o sea, que se supone que está en sitio especialmente bien protegido contra la contaminación lumínica), con prácticamente todo el horizonte aparente por debajo del real y en un punto estratégico de nuestra comunidad, entre dos continentes y relativamente cerca del mar. Además, es verano (en invierno la situación es MUCHO peor) y la noche es relativamente buena. Hay que poner en ese contexto las fotos y el mapa para entender el alcance de la contaminación lumínica.

Descripción

En el mapa NixNox y en las fotografías se aprecia un fuerte gradiente de contaminación lumínica hacia Granada. Pese a su fortísimo resplandor, que llega a iluminar la montaña entera, la luz se difunde con mucha mayor dificultad a partir de los 45º de altura, en parte por la altura a la que estamos, que deja por debajo la capa de aire más densa, de más espesor y con más partículas y humedad. Por encima de esta altura, sin embargo, el brillo del cielo nocturno no sigue descendiendo al mismo ritmo y el cielo no se oscurece mucho más. Esto, en parte, es por el menor espesor de la atmósfera y su mayor limpieza de partículas y aerosoles, pero también porque le llega luz difusa y rebotada desde lugares cada vez más distantes sin limitaciones orográficas.

Globalmente, el efecto no es despreciable en absoluto:  piénsese que el máximo brillo del fondo del cielo medido es de 21.44 mag/arcsec2 durante esta noche, cuando a esta altura en condiciones libres de contaminación debería rondar o incluso superar las 22 mag/arcsec2. En esta gama de medidas, se trata de una diferencia descomunal. Y viendo cómo se encuentra todo lo que no es el cénit o la zona de máxima oscuridad, no parece muy sensato calificar de «excelente» la calidad del cielo de este lugar (>21.4 mag/arcsec2) o ni siquiera «muy buena» (entre 21 y 21.4 mag/arcsec2), por más que sea así como se hayan definido ciertos estándares internacionales: todos ellos están sesgados por contemplar solo la medida cenital. Y lo peor es cuando encima se selecciona deliberadamente el mejor de los valores obtenidos en esas condiciones para dar una descripción general, cosa muy usual entre los aficionados. Este no es el caso de las medidas que sirven de base al mapa de la CMAOT, que ha hecho un trabajo estadístico con las medidas, de modo que los datos que muestra indican la mediana al cénit para dicho lugar en condiciones despejadas. Es decir, que la mitad de las noches las medidas serán mejores que el valor dado y la otra mitas serán peores.

También son muy significativos los flujos luminosos procedentes de Berja-Adra-Campo de Dalías-Almería, que también afectan principalmente al CAHA, los de Málaga y la Costa del Sol, la costa Tropical y los de la vega de Guadix. Dada su difusión en la atmósfera y el alcance de su visión directa, ninguno de ellos puede ser considerado como poco relevante. Que aporten cada uno unas pocas centésimas de mag/arcsec2 al cénit no es lo importante, sino su mera presencia deslumbrante, mucho más impactante, cerca del horizonte durante kilómetros y kilómetros. Aunque usemos herramientas y definiciones de astrónomos, hemos de ir más allá de su visión clásica y reduccionista, para atender a lo que supone el elemento «oscuridad del cielo» o «cielo nocturno» como elemento definitorio de un paisaje y como característica intrínseca al mismo que hay que preservar, pues determinará las relaciones ecológicas como lo hace la disponibilidad de agua, la concentración de nutrientes o las horas de Sol, por ejemplo.

Así, al establecer zonas de protección, hemos de ser lo suficientemente ambiciosos como para incluir territorios que afectan y se ven afectados por la contaminación lumínica que producen, más allá de las condiciones dadas desde el ámbito astronómico, donde su interés principal se ha centrado tradicionalmente en las medidas al cénit y en condiciones de observación óptimas (despejadas sin Luna). Pues bien, las medidas en condiciones de cielo cubierto son también necesarias, pues es entonces cuando más diferencias se producen sobre lo que sería un escenario natural libre de contaminación lumínica: las nubes brillan en sitios contaminados lumínicamente, cuando deberían ser oscuras. En estas condiciones, es previsible que el impacto ambiental sea máximo, y sin embargo no se suele tener en cuenta. Ni se mide en esas condiciones.

Por eso, creemos que es necesario ampliar la zona de influencia adyacente del OSN (actualmente inmerso en las cúpulas de luz de Granada y Pradollano y sus pistas) hasta alcanzar al menos Málaga y el valle del Guadalhorce y la costa del Sol. Algo análogo debería hacerse también como mínimo con otros observatorios profesionales o dedicados seriamente a la divulgación, como el de La Sagra, la red BOOTES, el del Torcal y la Fresnedilla entre otros. Es decir, incluir en sus zonas de influencia e influencia adyacente a los núcleos que les afectan, y no dejarlos expresamente fuera. Lo que hoy parece inviable, es simplemente necesario, y habrá de acometerse antes o después, como lo está siendo en estos momentos el futuro de los combustibles fósiles.

No por esperado es menos sorprendente y preocupante que se hayan podido identificar cúpulas lumínicas tan lejanas como las del norte de África (Melilla, Ceuta y otras ciudades de Marruecos y Argelia), Levante (Cartagena, Murcia, Alicante y posiblemente Valencia), meseta Central (muy probablemente Madrid) y valle del Guadalquivir (Jaén y alrededores, ¿Córdoba, Sevilla?). En los casos dudosos, la dificultad de la identificación estriba en la superposición de estas cúpulas de luz, ya relativamente débiles y bajas por su lejanía, tras otras más cercanas, brillantes y extensas que las ocultan.

 

Mapas de visibilidad

Estos mapas de visibilidad pueden ayudar a identificar en las fotografías el modo en que afecta la luz de las distintas poblaciones a aumento de la contaminación lumínica. Pero recordando que llegará tanto la luz directa de estos puntos como la indirecta de las cúpulas lumínicas de todos los municipios adyacentes dentro de una superficie bastante mayor de la del círculo máximo que las engloba a todas ellas. Es decir, los municipios de con parte de su superficie en rojo son críticos, pero no únicos que afectan. Incluso podría darse el caso de alguno que no se vea, pero cuyas cúpulas de luz contribuyan significativamente a la contaminación (ver el caso de Vélez Málaga y Torre del Mar o Nerja).

Mapa de visibilidad desde el Veleta. Cortesía de Máximo Bustamante.

Mapa de visivilidad desde el Veleta (norte) con nombres. Cortesía de Máximo Bustamante.

Mapa de visibilidad desde el Veleta (sur) con nombres. Cortesía de Máximo Bustamante.

Contaminación lumínica y densidad de población

A pesar de la precariedad de la situación, también resulta llamativa la presencia de esa especie de «oasis» de oscuridad aproximadamente en el tercio oriental de Andalucía. Esto está en claro contraste con la mayor parte de la costa y la parte central y occidental, mucho más densamente poblada.

Densidad de población en Andalucía. Fuente: Wikipedia.

Modelo de calidad del cielo de la REDIAM (Junta de Andalucía). Puede apreciarse la correlación entre densidad de población del mapa anterior y brillo del fondo del cielo. En general, a igualdad de tecnología, cultura y nivel económico, tiende a haber más contaminación lumínica en sitios más densamente poblados. Esto está relacionado con la mayor ocupación por superficie, densidad e intensidad de luminarias, y es lo que hace que que, si no se establecen objetivos a conseguir para toda Andalucía, y si no se ponen límites a los lúmenes emitidos por cada municipio y a la extensión de la superficie a iluminar, no se pueda garantizar la efectividad de las medidas adoptadas por ningún reglamento de control de la contaminación lumínica.

Afrontar el desafío de decidir lo que queremos como sociedad

Hemos visto cómo la situación no es nada halagüeña. No debemos caer en la autocomplacencia con esto. Nos va el cielo en ello. Pero no olvidemos que también nos va la Tierra.

Ante esta situación, cabe preguntarse qué cielo queremos y qué estamos dispuestos a hacer para conseguirlo. La memoria de lo que tuvimos hace ya tiempo que la perdimos. Es lo que sucede cuando se dan las cosas por sentadas y no se aprecia el valor que tienen hasta que se pierden y, por escasas, empiezas a tener que pagar por ellas.

¿Realmente tiene sentido tanta diferencia en la iluminación o se justifican las zonificaciones lumínicas? Las necesidades de iluminación para una persona, si son realmente necesidades, son las mismas viva donde viva, pero una misma fuente de luz, satisfaciendo esa necesidad, sirve tanto a una persona como a muchas. Tendría que darse un apantallado de las luces a gran escala por los propios usuarios para que esto no fuera así. Es conceptualmente posible, pero extremadamente improbable en la práctica, salvo casos de grandes aglomeraciones humanas de carácter más bien excepcional (marchas, manifestaciones…), donde tampoco es imprescindible una mayor iluminación porque el tipo de actividad que se realiza no lo requiere.

Si se habla de calles comerciales o turísticas, ¿de verdad queremos que en ellas se tenga que transitar deslumbrados y como en una prueba de obstáculos? ¿Es ese un modelo sostenible de entorno urbano, si los transehúntes o conductores colapsan las vías y las luces que exigen colapsan el cielo de incluso fuera de Andalucía? ¿Son esas formas válidas de habitar o solo modos de explotar(nos)? ¿Formas de uso para algunos o para todos? ¿Que vertebran o que separan y generan desigualdad? ¿En línea con los cambios necesarios que implica apostar realmente por la sostenibilidad o solo para que lo parezca?

Esta reflexión parece oportuna a tenor de dos hechos importantes aconcecidos durante esta semana. Por una parte, los resultados en las elecciones andaluzas del 2 de diciembre. Por otra, la Cumbre del Clima (COP24) 2018. Ambos tienen algo en común: implican unas determinadas visiones de lo que es la forma con la que habremos de relacionarnos y construir el futuro. Explorémoslas.

Contaminación lumínica

El peligro de la autocomplacencia ante la contaminación lumínica

Por Máximo Bustamante Calabria.

Hace 25 años que salgo a observar el cielo nocturno, ya sea a simple vista, con un modesto telescopio Newton de 114 mm o -hace menos tiempo- con la práctica de la astrofotografía. Hasta hace no muchos años iba a un lugar a unos 6 kilómetros de mi pueblo hacia la Sierra, lo que era suficiente para gozar de unas buenas condiciones (salvo en dirección a Beas de Segura por su cercanía). Recuerdo una Vía Láctea espléndida hacia el Sur y distinguir sin problemas la galaxia de Andrómeda a simple vista y multitud de objetos de cielo profundo a través del pequeño telescopio sin necesidad de buscarlos a su paso por las regiones cenitales.

Foto 1. Fotografía realizada en 2013 desde mi lugar antiguo de observación, a unos 6 kilómetros de Beas de Segura. El pueblo queda oculto tras el cerro, y las luces deslumbrantes que se ven son de una pista deportiva y un polígono industrial. El pueblo al fondo es Chiclana de Segura. Ahora la situación es todavía peor. Según el mapa de contaminación lumínica de la Junta de Andalucía, este lugar tendría un cielo «muy bueno».

Hoy en ese mismo lugar la luz artificial sube desde casi todas las direcciones cardinales. Beas ilumina toda la zona norte-noroeste hasta casi el cenit; hacia el sur-suroeste el resplandor procedente de Villanueva, Villacarrillo, Úbeda, etc., hace difícil distinguir la región central de la Vía Láctea cuando comienza a declinar en agosto; observar por el telescopio las galaxias del Cúmulo de Virgo cuando pasan el meridiano hacia el oeste es difícil; incluso al noreste se nota la influencia de otros pueblos de la Sierra de Segura. No tengo mediciones desde entonces, pero puedo afirmar sin lugar a dudas que en este punto el porcentaje de cielo afectado de modo importante por la contaminación lumínica ha pasado de un 20-25% en esos años a más de un 70% ahora. Evidentemente ya no realizo observaciones allí. Ahora mis ubicaciones favoritas se encuentran a más de 60 km Sierra adentro, en Santiago-Pontones, en una de las pocas islas de oscuridad aceptable que quedan en la Península Ibérica. El cielo del que ahora puedo disfrutar a 6 kilómetros de Santiago de la Espada es desde luego mejor que el que disfrutaba hace 25 años cerca de Beas, aunque no había una diferencia abismal. Ahora sería como comparar un vino de cartón con un gran reserva.

Foto 2. Alumbrado ornamental que instalaron también en 2013 en una calle de Beas de Segura en la que ni hay comercios, ni monumentos, ni fachadas destacadas; por no haber ni hay apenas vecinos. La obra fue financiada por la Diputación Provincial de Jaén. Focos como estos han instalado más de un centenar en el pueblo, muchos se apagan a las doce o las una de la madrugada, y otros permanecen encendidos toda la noche. Mis quejas al amparo de la antigua normativa sirvieron de poco.

Foto 3. Lo mismo ocurrió con lo que recoge la foto 3, un cartel de un centro de conservación de carreteras situado junto a la carretera de entrada a Beas de Segura, que depende de la misma Junta de Andalucía que desarrolló la normativa. Las fotos 2 y 3 son ejemplos de la inutilidad de la antigua normativa, pues todas las vulneraciones las documenté y comuniqué a la Consejería de Medio Ambiente, y que yo sepa lo único que hicieron fue enviar un escrito al ayuntamiento informándoles de que estaban vulnerándola y ya está. Todo sigue igual o peor, pues han instalado más focos y sustituido muchas lámparas de vapor de sodio por led fríos.

Pues bien, según la clasificación que acaba de publicar la Junta de Andalucía (con vistas a la nueva normativa sobre contaminación lumínica) los dos cielos (el situado a 6 km de Beas y el ubicado en las cercanías del Almorchón) son “muy buenos”, pues considera que un brillo del cielo en el cenit de entre 21,1 y 21,4 magnitudes por segundo de arco al cuadrado merece esa clasificación. Así, según este criterio, cerca de la mitad del territorio de Andalucía tiene un cielo nocturno de una calidad “muy buena” o “excelente”. Y con esta conclusión ya podemos esperar que la futura normativa va estar más orientada a mantener nuestras supuestas excelentes condiciones que a mejorarlas, cuando la realidad que apreciamos más de un astrónomo amateur y más de una asociación en bien diferente. Y algo tendremos que decir los que llevamos décadas observando el cielo estrellado y teniendo que viajar cada vez más lejos a pesar de tener esos “excelentes” cielos. ¿Acaso es que somos de un paladar muy exigente? No. Simplemente clasificar de muy buenos o excelentes la mitad de los cielos de Andalucía es de una autocomplacencia muy osada, como si acaso hubiera servido de algo la derogada normativa anterior.

Mapa de calidad del cielo de la REDIAM (CMAOT, Junta de Andalucía)

Desconozco la metodología usada para obtener ese mapa de calidad del cielo nocturno, por lo que no puedo entrar a discutirla en profundidad, pero desde luego sí me parece muy cuestionable la interpretación de los resultados. Parece que una parte importante del trabajo (por la explicación que ofrecen en el portal de la REDIAM) es la obtención de medidas del brillo del cielo en la región que hay sobre nuestras cabezas con dispositivos diseñados a tal efecto. Es una forma de tener una idea de su calidad, pero muy incompleta, pues si de verdad queremos saber el grado de afección del lugar no podemos obviar el resto de la bóveda celeste, en especial los primeros grados sobre el horizonte. Es decir, que en lugar de fijarnos en el mejor valor (el obtenido en la región cenital) deberíamos fijarnos más en el peor valor, pues será este el que más afecte a los seres vivos y a la definición del paisaje nocturno como tal. Porque no nos olvidemos que estamos tratando con un problema que afecta a los insectos, a las aves y en general a todos los ecosistemas al alterar las condiciones naturales de oscuridad de la noche. Las aves migratorias, nocturnas o los insectos se verán muy afectados y desorientados por ese resplandor proveniente de determinada ciudad que se ve sobre el horizonte. Así, aunque tengamos en la vertical una medida excepcional eso no quiere decir que se esté libre de la contaminación lumínica, y por eso es muy discutible hacer una clasificación basándose únicamente en medidas tomadas en el cenit y en noches despejadas, cuando en las noches nubladas es cuando más se manifiesta el efecto de la contaminación lumínica.

Pero en cualquier caso, y con estos resultados sobre la mesa, ¿en qué criterios se basa la escala de calidad? ¿En qué valores se traza la línea divisoria entre un buen cielo nocturno y otro no tan bueno? Aquí existe una carga muy importante de subjetividad que puede acabar condicionada tanto por las conclusiones que a priori se quieran mostrar como por la percepción de las personas que las establecen. Pero una cosa está clara: si somos autocomplacientes a la hora de definir la situación actual menos posibilidades habrá de mejorar, pues ¿para qué invertir esfuerzos en algo que se supone que ya es bueno?

En una conferencia celebrada el verano pasado en Santiago de la Espada, Salvador Bará habló del “síndrome de la referencia cambiante”. Básicamente se refiere a cambios graduales que se extienden por más de una generación, de modo que cada una asume como “normal” el estado de las cosas que conoce. Como ejemplo citó un concurso de pesca que se celebra todos los años en una ciudad estadounidense y expuso fotografías de los premiados separadas una década. Una cosa era muy llamativa: los ejemplares capturados eran cada vez peores, menos variados y de menor tamaño. Pero lo que no cambiaba en ningún caso era la expresión feliz y de satisfacción de los ganadores. La conclusión está clara: aunque la situación de los bancos de pesca hubiera empeorado notablemente de setenta años a esta parte, no existe clara conciencia de ello si no se ha vivido una situación diferente. Pues exactamente lo mismo ocurre con la oscuridad del cielo nocturno. Desde hace décadas, hemos perdido la referencia de lo que supone un cielo libre de contaminación lumínica, que debería ser la única referencia válida. Lo preocupante de esto es que al asumirse como normales situaciones cada vez sensiblemente peores, el desenlace inevitable es la pérdida total si no se actúa a tiempo por no tomar conciencia de ese progresivo deterioro. Y ahí es donde deberían actuar las administraciones, pues disponen de datos suficientes (o deberían disponer) para detectar estos procesos, alertar de ellos y tomar medidas para frenarlos y revertir la situación cuando sea posible. En casi todos los casos de deterioro por contaminación se puede volver a la situación original en un periodo de tiempo dependiente del agente contaminante y la capacidad de recuperación de los ecosistemas, y en el caso de la contaminación lumínica el retorno a una situación mejor es tan rápida como lo que se tarde en adaptar el alumbrado nocturno. Así que depende básicamente de la voluntad de hacerlo.

Un modo rápido de cambiar la situación es mediante el desarrollo y aplicación de una legislación eficaz y de las herramientas para garantizar su cumplimiento, lo que no es incompatible con la labor de concienciación que están haciendo desde décadas atrás las asociaciones y las instituciones científicas. Pero hay que admitir que en los temas medioambientales la concienciación (que es imprescindible) funciona más bien a largo plazo, y tal y como ha sido llevada a cabo principalmente, llega mayoritariamente a personas ya sensibilizadas o a las potencialmente receptivas a la sensibilización. Mientras que hay situaciones que -por el ritmo y grado de deterioro ambiental que suponen- requieren medidas urgentes a través del desarrollo normativo que corresponde a los poderes públicos. Y si estas normativas nacen llenas de ambigüedades, son poco claras, recogen más recomendaciones que disposiciones o dejan muchos cabos sueltos sujetos a desarrollos posteriores, o están plagadas de excepciones, al final se quedan en simples parches cosméticos. Y salvo alguna excepción eso es lo que ha ocurrido con la mayoría de normas u ordenanzas de protección del cielo nocturno. Por desgracia la anterior normativa andaluza no ha escapado a esta tendencia, pues sólo hay que ver que la situación no sólo no ha mejorado, sino que ha ido a peor, tras unos seis años en vigor. Era de esperar, al no establecerse objetivos a conseguir ni medios para llevarlos a cabo.

Al menos así lo he vivido en mi zona y creo que muchos compañeros coincidirán conmigo. Por eso cuando por un defecto en el trámite (a instancias de la Federación Andaluza de Municipios y Provincias, que llevó la norma a los tribunales) se derogó el Decreto 357/2010 de 3 de agosto, y se planteó la necesidad de desarrollar otra norma, dentro del colectivo astronómico cundió la ilusión por la perspectiva de que supusiera una mejora respecto a la anterior. De esta futura normativa sólo conocemos que tampoco ha establecido objetivos y que se basará en una clasificación que, por lo expuesto hasta ahora, considero demasiado optimista y que parece la antesala de un acuerdo de mínimos con la FAMP.

Por otro lado, en ciertos ámbitos relacionados con la preservación del cielo nocturno y la astronomía, se está escuchando desde hace relativamente poco tiempo el mantra de la “puesta en valor del recurso” como una forma de convencer de su necesidad. No es nuevo. Si los gurús de la economía neoliberal llevan tiempo intentando “poner en valor” (que equivale a encorsetar en términos monetarios) hasta a las personas y sus capacidades, cómo no iban a hacerlo con la Naturaleza. Pero mezclar los argumentos económicos con los medioambientales es peligroso, pues podría dar lugar a pensar que el cielo nocturno no vale nada por sí mismo, y sólo fuera deseable su protección si se puede traducir en una valoración económica. ¿Sería menos valioso el Museo del Prado si pasaran por caja menos visitantes? A nadie se le ocurriría valorar un bien cultural o artístico según el beneficio económico que genere (que si lo hay bienvenido sea) pues su valor seguirá siendo igual de incalculable si no es explotable económicamente. Del mismo modo que un bosque no “vale” la madera que produce ni lo que pagarían los senderistas por recorrerlo. El cielo estrellado merece ser preservado porque estamos vinculados a él igual que lo estamos a la Naturaleza de la que formamos parte. Y porque es bello. ¿Acaso hacen falta más argumentos que la belleza para justificar la conservación de un bosque, de una iglesia románica o de la posibilidad de observar el firmamento? ¿Desde cuándo estamos tan abducidos por el capitalismo decadente y la mercantilización de la vida para no ser capaces de reivindicar el derecho a emocionarnos por la belleza de un paisaje? Hemos llegado al punto en el que parece que si no hay un enfoque mercantilista nada tiene valor. Y en este error se está cayendo también con el cielo nocturno por parte de algunos en los sectores del astroturismo y las certificaciones.

La actividad turística vinculada a la observación del cielo nocturno apenas acaba de echar a andar en Andalucía. Sin duda es muy interesante en zonas que aún conservan un cielo relativamente oscuro, pues puede suponer un aliciente más para visitarlas y un acicate para que más gente preste atención a la necesidad de conservar un elemento tan importante de nuestro patrimonio natural. Por eso puede ser muy beneficiosa la labor de concienciación y divulgación que pueden realizar las empresas de astroturismo entre el público que no tiene contacto habitual con la Astronomía. Lo primero que tendrían que mostrar a su público es que el hecho de tener que viajar a más de 100 kilómetros de una capital para gozar de un cielo cuajado de estrellas no debería ser “lo normal”, y que todos deberíamos tener la posibilidad de disfrutar de esta experiencia de la Naturaleza cerca de nuestras ciudades o pueblos. Y lo más importante: que esto sería posible con la voluntad de nuestros representantes políticos, pues la iluminación nocturna de pueblos y ciudades se puede hacer de modo que no deje escapar luz fuera del lugar que se debe iluminar. Mientras que no exista una demanda ciudadana perceptible los responsables seguirán obviando este asunto, más si no hay una normativa clara y exigente y mecanismos y compromiso para hacerla cumplir. Por eso las actitudes autocomplacientes pueden ser muy perniciosas, pues si ponemos el listón tan bajo como para considerar “muy bueno” un cielo como el que describo al inicio de este artículo estamos normalizando una situación que dista de ser la deseable.

Pongamos como ejemplo una empresa que ofrece observaciones privadas en un Parque Natural, argumentando que “debido a la escasa densidad de población y a la naturaleza salvaje que lo rodea todo, la contaminación lumínica apenas existe en este paraje, brindando la posibilidad de disfrutar del espectáculo de la Vía Láctea, planetas y objetos del cielo profundo como nebulosas o galaxias.” Vale. Y aunque la afirmación de que apenas existe la contaminación lumínica en este paraje es muy discutible, es cierto que dentro de este espacio natural se encuentra uno de los mejores cielos de Andalucía. Pero me sorprendí cuando comprobé que el lugar preciso donde se realiza la actividad se encuentra a muy pocos kilómetros del núcleo más importante de la zona, en un lugar donde la calidad del cielo posiblemente será tirando a mala, aunque al que venga de una capital le parezca sublime. Y esto equivale a vender un aceite lampante como si fuera un virgen extra de recolección temprana, del mismo modo que decir que hay sitios en Andalucía donde no existe la contaminación lumínica es desgraciadamente mentira. No es incompatible hacer un buen “marketing” de un producto con ser fiel a la realidad, y dar preponderancia a lo primero a costa de la verdad no se puede considerar precisamente una buena práctica empresarial. No pasa nada por decir: “este no es un buen cielo; si queremos un buen cielo de verdad tendremos que adentrarnos 60 kilómetros en la Sierra, y esto sucede porque no se están haciendo las cosas bien en las ciudades. Y aún así, ese cielo hoy muy bueno puede perderse si seguimos haciendo las cosas mal.” Así se crea conciencia. Pero poco vamos a mejorar la situación si ahora cualquier lugar quiere promocionarse como “el mejor cielo”, cuando realmente está lejos de serlo. Y flaco favor se está haciendo a los lugares que realmente lo son y que se están esforzando en preservarlo. Volviendo a la analogía del aceite de oliva: no todo nuestro aceite es magnífico por el sólo hecho de producirse en Andalucía; es más, una buena parte del que sale de nuestras cooperativas sigue siendo mediocre. Pero reconocerlo no es ser pesimistas ni excesivamente críticos, es un paso imprescindible para mejorar. Etiquetar como virgen extra un aceite refinado es, aparte de un fraude, un grave perjuicio para los que de verdad se esfuerzan en obtener calidad. Y si esto se permitiera o la administración pusiera un listón muy bajo para esta denominación lo único que se conseguiría es desmotivar a los que trabajan por la mejora de la calidad.

Como ya he dicho, si la futura legislación sobre protección del cielo nocturno se basa en una clasificación con listones tan bajos es previsible que no destaque por su ambición, sino más bien se quede en un acuerdo de mínimos. Así no sería de extrañar en el futuro asistir a la certificación de media Andalucía con una figura equivalente a las reservas o destinos turísticos Starlight por alguna entidad que tomará como base la clasificación en calidades del cielo nocturno realizada por la Junta de Andalucía. Si esto no va precedido de unos claros compromisos ineludibles de mejora del alumbrado público de las ciudades para eliminar la emisión directa o dispersión de luz fuera de ellas, va a suponer al final un premio a las malas prácticas, y puede que ni siquiera logre que la situación no empeore. Mientras tanto las zonas (contadas con los dedos de una mano) que verdaderamente tienen un cielo nocturno muy bueno, y que ya han iniciado medidas para su protección, no se sentirán muy motivadas cuando se vean puestas al mismo nivel que otro lugar con una calidad bastante peor. Algo no se mejora poniéndole una etiqueta, sino trabajando para que llegue a unos niveles de calidad que lo haga verdaderamente merecedor de esa certificación. Lo triste sería asistir al mercadeo de estudios técnicos y certificaciones que acaban abarcando sitios que no la merecen en perjuicio de los lugares que deberían servir de referencia y ejemplo de buenas prácticas. Esa es la triste realidad por ejemplo en el mundo de las certificaciones “ecológicas”.

En una ocasión me vinieron a decir que con actitudes tan críticas (o algunos dirían radicales) es difícil “vender la moto”, que funciona mejor un argumentario más “light” -sobre todo si va cubierto con el barniz de la eficiencia y el ahorro- para llegar a convencer a los responsables políticos. No estoy de acuerdo. Así llevamos décadas sin apenas avanzar, ni en la disminución de la contaminación lumínica ni en otros aspectos medioambientales. Desde 1992, cuando se celebró la Cumbre de Río, se consolidó el concepto de “desarrollo sostenible” como una especie de Bálsamo de Fierabrás capaz de reconciliar cosas tan distantes como la Ecología y la Economía, agrupando en flagrante oxímoron algo tan opuesto como el crecimiento continuado del PIB y la sostenibilidad. Los resultados ya los vemos. Desde entonces la situación medioambiental no sólo no ha mejorado, sin cumplirse los acuerdos mínimos, sino que ha empeorado sobrepasando los escenarios más pesimistas. Para eso ha servido la edulcoración con el epíteto “sostenible” de todo lo imaginable, incluso la minería a cielo abierto. Así que a estas alturas no queda otro remedio que ser radicales al tratar todo lo que tenga que ver con la Vida y la conservación de la Naturaleza. Y la problemática de la contaminación lumínica o se afronta desde la raíz (eso es lo que significa ser radical) o es una batalla perdida. Lo triste sería que desde la misma comunidad astronómica haya empresas o entidades que renuncien a ello. A estas alturas no nos podemos permitir ser autocomplacientes.

Charla

Semana de la Ciencia en Andalucía 2018

 

 

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